TRAVESÍA-ECLIPSE 2026
La idea de hacer algo por el eclipse salió bastante de casualidad.
Sabía que el 12 de agosto de 2026 iba a verse un eclipse solar total desde Mallorca, pero al principio no le di demasiadas vueltas. Era algo que iba a pasar ese verano y poco más. Hasta que empecé a ver todo lo que se estaba montando alrededor: hoteles llenos, experiencias especiales, barcos, terrazas, reservas hechas con meses de antelación y, sobre todo, precios que empezaban a subir una barbaridad simplemente porque aquel día había un eclipse.
Y ahí fue cuando pensé que nosotros también podíamos hacer algo, pero no quería que la experiencia consistiera simplemente en salir a navegar unas horas, ponerle la etiqueta de “eclipse” y multiplicar el precio.
una travesía diferente
El Rafael Verdera es un barco de 1841 y yo he crecido aquí. Siempre he intentado que la gente que sube a bordo no venga simplemente a consumir unas horas de barco, sino a vivir algo un poco diferente. Así que, si íbamos a hacer algo por el eclipse, quería que tuviera sentido y que además siguiera siendo accesible.
De ahí salió la idea de aprovechar la ocasión para hacer algo más: una expedición de tres días recorriendo la costa de Mallorca, descubriendo algunas de sus calas, navegando, fondeando, bañándonos, durmiendo en distintos sitios y terminando el viaje viendo el eclipse desde el mar.
La travesía empezó en el Puerto de Sóller
Los primeros días éramos muy pocos y, al final, creo que eso fue una de las mejores cosas del viaje. Cuando pasas varios días en un barco, las distancias desaparecen bastante rápido. Compartes cubierta, mesa, cocina, navegación y prácticamente todo lo que va pasando durante el día, así que poco a poco dejas de tener la sensación de llevar clientes y empiezas simplemente a convivir con gente que está viviendo contigo a bordo.
Fuimos navegando por la costa de Mallorca y parando según el viento, el mar y lo que nos apetecía hacer en cada momento. Hubo baños, snorkel, comidas, ratos de navegación y también muchas horas sin nada especialmente programado.
Y precisamente eso es parte de lo que me gusta de este tipo de viajes.
No todo tiene que estar organizado de antemano. A veces acabas encontrando una cala donde te apetece quedarte más rato, alguien ayuda a preparar la comida, otro se interesa por cómo funciona alguna parte del barco y, sin darte cuenta, todo el mundo empieza a participar un poco de la vida a bordo.
Quien pasa varios días a bordo empieza a descubrir el barco de otra manera: sus espacios, sus rincones, la madera, y todo el trabajo que hay detrás para que un barco construido en 1841 siga navegando hoy.
EL DÍA dEL ECLIPSE
Finalmente llegamos a Andratx, donde se incorporó más gente para la parte final de la experiencia.
Ese día ya se notaba un ambiente distinto. Llevábamos varios días hablando del eclipse y por fin había llegado el momento. Salimos otra vez hacia el mar con una idea bastante sencilla: alejarnos lo suficiente de la costa para tener el horizonte completamente limpio y buscar el mejor sitio posible para verlo.
Poco a poco la Luna empezó a cubrir el Sol. Al principio todo el mundo seguía hablando, haciendo fotos, mirando con las gafas y comentando lo que iba pasando, pero según avanzaba el eclipse el ambiente fue cambiando.
La luz empezó a volverse extraña, bajó la temperatura y cada vez había más gente en silencio mirando hacia arriba.
Hasta que llegó el momento
El Sol quedó prácticamente tapado por la Luna y apareció aquel anillo de fuego.
Y la verdad es que fue alucinante.
Había visto fotografías y vídeos muchas veces, pero verlo en directo y además desde el mar no tiene demasiado que ver. Durante unos minutos parecía que estaba pasando algo completamente fuera de lo normal. Todo el mundo estaba mirando hacia el mismo punto, con el Mediterráneo alrededor y aquella luz tan extraña que no se parece a nada de lo que vemos normalmente.
Después de tantos meses hablando del eclipse, sorprende lo rápido que pasa. Son solo unos minutos, pero fueron espectaculares.
Cuando terminó brindamos todos juntos y pusimos rumbo a Port Adriano.
Y ya pensando en 2027
Durante la vuelta empezamos prácticamente enseguida a hablar de 2027.
Lo curioso es que el eclipse no nos dejó con la sensación de haber cerrado una experiencia y pasar página. Más bien fue al contrario. Nos dejó con ganas de volver a hacer algo parecido, de buscar otra vez un lugar especial desde el que verlo y, sobre todo, de volver a convertirlo en una travesía y no simplemente en una salida de unas horas.
El próximo eclipse volverá a cruzar España y Andalucía tendrá mucho protagonismo. Todavía no sé exactamente qué haremos ni desde dónde saldremos, pero después de lo vivido en Mallorca sí tengo bastante claro cómo me gustaría plantearlo.
PRÓXIMAMENTE…
No quiero hacer algo artificial ni aprovechar el eclipse únicamente para vender una salida más cara. Si volvemos a hacerlo, quiero que haya viaje, que haya navegación y que el camino vuelva a formar parte de la experiencia.
Porque el eclipse fue espectacular, pero todo lo que pasó antes de llegar hasta él también forma parte de lo que recordamos de aquellos días.


